Me gusta lo que no me gusta

Me gusta lo que no me gusta.

 

Hace 7 años, estaba escogiendo un libro para leer durante un viaje. Aún me sorprende el libro que me llevé ese día.

 

Nunca me gustó la mate. Desde que estaba en el kínder, me gustaba mucho dibujar y Matemáticas era la única materia en la que no tenía sentido ilustrar algo. Hacer la tarea de mate fue la primera cosa que me dio “pega”.

 

Cuando llegué al cole, descubrí una forma de bailarme al sistema y evitar hacer la tarea de mate… copiarla: Beatriz era una estudiante de 100 corrido y todas las noches hacía sus tareas de mate mientras yo pasaba dibujando Gokús, al día siguiente le copiaba todo por la mañana antes de entrar a clases. Lo loco de esto, es que sabía hacer todo perfecto, a pesar de pasar haciendo garabatos, ponía atención en clase y en los exámenes me iba bien, mate sencillamente me daba demasiada pega. Inevitablemente se dieron cuenta que pasé todo décimo y la mitad de undécimo copiando las tareas de mate a Beatriz, por lo que mi papá quién es ingeniero me castigó con hacer  todos los ejercicios del libro Álgebra de Baldor, los fines de semana.

 

Hacer estos ejercicios ha sido el peor castigo que me pusieron de adolescente, esto hizo casi que odiara la mate, me acuerdo que un día dije “apenas salga de la U voy a estudiar diseño y nunca voy a hacer una ecuación más”.

Al final del cole, me saqué un 93 en el examen del ministerio: Era un gato en mate. Pero cumplí mi promesa, y salí del cole para nunca más tocar la mate en la vida hasta el día en el que me llevé aquel libro.

 

Durante esta época, conocí a un consejero que me dijo que yo decía demasiado la frase “me da pega” y me hizo hacer una lista de las cosas que me daba pega, que resultó ser una lista de cosas, comidas, actividades, lugares, momentos que no me gustaban. Dentro de ellas estaba Mate obvio.

Decir estar frase tanto, estaba afectando mi pensamiento y me estaba convirtiendo en una persona con mucha pereza, antes de salir del cole dejé de decir esta frase. Pero fue hasta después que entendí el poder que tiene la forma en la que pensamos sobre las cosas que hacemos.

 

Hace 7 años, no podía decidirme por un libro para leer durante el viaje, pero en el centro del librero de mi casa había un libro que despertó algo en mí que estaba dormido, ese libro me dio pega, lo pensé y me incomodé. Traté de escoger un libro y estaba realmente sorprendido de que había pensado eso, el libro era Cálculo Mental de Alberto Coto, quién fue campeón mundial de cálculo mental en el 2010. “Que pega ese libro, que pega mate, que pega que pensé en que pega”. Lo que me salvó ese día fue que ya había entendido que pensar así era malo para mí, entonces me piqué conmigo mismo y dije: “me voy a leer este libro, aunque me de pega, porque que pega decir que pega”. El libro exploraba como la numerología y las matemática están presentes en todo aspecto de la vida, y como entender esto podía facilitarnos muchas cosas, una forma de hacer esto es desarrollando el cálculo mental con una serie de ejercicios los cuales eran la segunda mitad del libro.

 

La verdad es un librazo.

 

Pero fue hasta que entendí que en el diseño y el arte los números están permeados que algo cambió en mi. Y en ese momento, las matemáticas me gustaron. Me devoré el libro y tiempo después estaba hecho un nerd de mate. Descubrí un universo nuevo, uno infinito, cada día luego de ese libro era como escuchar un disco nuevo de una bandaza recién descubierta. El libro de Alberto Coto despertó algo en mí que estaba dormido, porque le daba pega. Este descubrimiento me llevó a entender que había pasado algo sorprendente en mi vida, había logrado romper mis propias reglas para mi beneficio, convertí algo que no me gustaba, en algo que me gustaba demasiado y era bueno haciendo. Mi romance con los números me llevó a lugares nuevos en muchas áreas de mi vida, entender patrones geométricos como mandalas, descubrir el math rock, la película de Jim Carrey The Number 23, construir empaques entendiendo proporciones sin medir nada, ganarle a usar la calculadora.

 

Haber cambiado algo así en mi vida, cambió todo el resto, pero aún quedaba tanto por cambiar. No me gustaban las aceitunas, y aunque tuve mis dudas de si esto iba a funcionar, me convencí de que podía hacer que me gustaran si las entendía mejor. Una noche compré todas las aceitunas que encontré en el super y las combiné con otras cosas que me gustaban, también leí sobre ellas, sobre su planta el olivo que ha servido de inspiración para cantidad de escritores. En fín, hoy me gustan las aceitunas. Descubrí la pizza con aceitunas, las aceitunas con un buen queso, las negras, las blancas, los martinis. Lo más importante es que entendí que hacer lo que no me gusta era tan bueno para mí como hacer lo que me gustaba, tal vez, hasta mejor. Después del ejercicio de las aceitunas pasé a la música, y con páginas como Spotify y Jango este ejercicio fue algo delicioso, galaxias de nuevos géneros de música al alcance de un click. La música me llevó a nuevas disciplinas, entendí el country, descubrí el banjo, me compré un banjo, aprendí a tocarlo. Así continué con una larga lista de cosas que no me gustaban, desde comidas hasta lugares. Hasta que llegué a entender actitudes de mí que no me gustaban, y cambiar estas fue lo más difícil y lo sigue siendo. Quitarme la pena de saludar a un desconocido y poder conversar con él o ella, ser una persona paciente, practicar la tolerancia, no me gustaba manejar, la relación con mi papá, etcétera, etcétera.

 

Hacer las cosas que no me gusta hacer me ha llevado a entender partes de mi vida que al fin y al cabo no entendía. Así como el miedo, es un sentimiento humano hacia lo que desconoce, conociéndome a mí mismo llegué a superar miedos y percepciones falsas, como el miedo a los ratones o a las ratas, (bueno la verdad aún me dan miedo, pero ahora puedo enfrentar a cualquiera de los dos, antes me subía a una silla). Lo que no me gusta me intriga porque hay personas que sí gustan de esas cosas, y entender esto me lleva a salir de una posición en la que he estado por bastante tiempo, como dice la reconocida frase: “salir de mi zona de confort”. Se que cada cosa que no me gusta, me puede llevar por lo menos a una que me puede gustar, por lo menos gustar, porque ya se adonde me lleva ese camino. Practicar el simple hecho de estar a favor de algo en vez de en contra de algo, sugiere un cambio en el pensamiento humano, al nivel de que en vez de pensar en negativo, pensamos en positivo, ver el vaso medio lleno.

 

Walter Riso dice que si bien es cierto que la mente es causa de nuestro sufrimiento, también lo es que somos capaces de revertir el proceso mental negativo. Creo que entender esto es fundamental para lo que sea que hagamos, porque lo que hagamos nos hace sentirnos como nos sentimos, y sentir nos lleva a pensar como pensamos, y así nos quedamos con eso, hasta que lo hagamos de nuevo. Las cosas que no me gustan son las nuevas materias de mi vida, las que nunca quise matricular y dejé para el final, se han convertido formas de aprendizaje subestimadas y subvaloradas por experiencias o pensamientos preconcebidos que se convirtieron en candados cerrando puertas. Y aún hay tantas. Entenderlas y abrazarlas se han convertido en uno de los ejercicios más gratificantes que he aprendido, si mi mayor enemigo soy yo mismo, con cada de una estas cosas le gano a la última versión de mí y le agrego una nueva herramienta a mi cuchilla suiza.

 

Entender algo que no entendemos siempre se siente bien, y nuestra mente es una esponja o una telaraña infinita. La verdad es que nunca creí que de algo negativo de mi vida pudieran salir tantas cosas positivas, ni menos que fuera terminar contando la historia de como me gustaron la matemáticas, porque así como estas, tampoco me gustaba escribir.

 

Me gusta lo que no me gusta, porque me gusta aprender y desaprender, porque por cada uno de mis miedos me trae nuevo coraje, porque cada ritmo que me incomoda es una nueva forma de bailar, porque cada vez que el enemigo me busca en batalla tengo la oportunidad de ganarle, porque no me gustaba ser delantero hasta que metí un gol, porque me da pega decir que pega, porque si cada mente es un mundo descubro un mundo nuevo entendiendo otra forma de pensar y porque cambiar lo que no me gusta para hacer mejor este mundo, es cambiar el mundo.

 

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